Sabes que sos un Observador de Aves cuando….

Adaptado de Belén Etchegaray. Directora de FNA (Fotografía de Naturaleza Argentina)
Foto: Ignacio Hernández
Observar aves es una actividad apasionante. Se comienza con una curiosa obsesión por conocer cuáles son las aves que se ven por la ventana de casa. En poco tiempo la pasión lleva a andar por los bosques, el monte o la estepa cargando una mochila cargada con unos binoculares, una guía y una cámara y buscando especies que solo se encuentran en ambientes determinados.
Belén Etchegaray ha logrado una larga lista de verificación con la cual es posible determinar claramente cuánto ama uno la tarea que realiza. A continuación, una adaptación para el Observador de Aves.
Sabes que sos un Observador de Aves cuando…
1. Un par de binoculares se vuelven parte cotidiana de tu vida.
2. Le comentas a quien esté cerca cómo se llama el ave que está cantando… aun cuando no la pueden ver.
3. Al salir de tu casa y vayas dónde vayas, enumeras antes de salir: “llaves, billetera, binoculares… guía de aves…”.
4. Ya no te cuesta levantarte a la madrugada un fin de semana para viajar kilómetros y estar en el lugar indicado cuando sale el sol.
5. Te pasas seis horas caminando en el campo acarreando binoculares, guías, cámara fotográfica, etc. y cuando llegas a casa aun tienes fuerza para bajar las cientos de fotos que sacaste.
6. Comienzas a llamar a la lechuza de campanario “Tyto”.
7. Tienes más fotos de paisajes, flores y bichos que de tus hijos.
8. Comienzas a odiar a las personas que al ver tus fotos te dice: “Ahhh… pero ¿solo le sacas a los pajaritos?”
9. Regresas de las vacaciones con tu familia y todos comienzan a notar que en las fotos no han sido retratadas las personas que participaron de ese viaje.
10. Despiertas a la madrugada a tu pareja solo para decirle “¡Escucha… escucha… esa que canta es una ave que se llama….”
11. Realizas varios viajes de cientos de kilómetros solo y únicamente para fotografiar ese pajarito que “te falta”.
12. Te pasas diez horas escondido esperando que el ave se pare en la ramita que colocaste estratégicamente observar su conducta y tomarle una foto.
13. Esa especie que hace tiempo buscas aparece solo para posarse dándote la espalda por horas, instante en el cual deja de ser esa especie anhelada para pasar a ser un “ese bicho de porquería…”.
14. Comienzas a notar un callo en la palma de la mano por el uso constante del mouse editando fotos para subir a tu blog.
15. Te alegras doblemente cuando llega un fin de semana largo y tu pareja hizo planes con otras personas porque así te puedes escapar a algún lado con la cámara sin culpas.
16. Tus amigos piensan que tienes alguna clase de “problema” cuando les hablás de las horas que pasaste armando un posadero, de la variedad de semillas que compraste para los comederos… y de cuáles son los alimentos preferidos de cada ave de tu jardín.
17. Te pasas días enteros estudiando las mil técnicas posibles para obtener la imagen de un colibrí en vuelo y con las alas congeladas.
18. A tu hijo de cinco años le regalaste una cámara compacta y una guía de aves para su cumpleaños.
19. No quieres que nadie te hable cuando estas observando aves en el jardín, pero cuando lográs tomar una foto buena, llamás a los gritos a toda la familia para que la vean.
20. Después de varias horas de caminata sin ver nada, caminas varios metros más; y después de esos, otros metros más; y después de esos, otros … y así el resto de la tarde sin resignarte que en esa zona no hay aves; y al regresar a casa aun estas feliz.
21. Una mañana de domingo, y medio dormido, tratas de explicarle a tu suegra de años las ventajas de un binocular más luminoso y con más alcance.
22. Te das cuenta que tu vida social comienza a perder sentido si hay sol y piensas que puedes estar en otro lado sacando fotos.
23. Comienzas a desarrollar toda clase de técnicas ridículas para pasar desapercibido en el campo sin importarte lo que piensen quienes te ven bajar del coche vestido de esa manera.
24. Las vacaciones las comienzas a programar a raíz de las posibilidades de avistajes que hay en el lugar.
25. Comienzas a negociar con tu familia para ir una semanita a la playa y una semana a algún lugar para sacar fotos.
26. Conectarse a Internet significa “hacer una pasadita” por la web para subir y comentar algunas fotos… y esa “pasadita” se transforma en un ritual diario de horas del que no se puede prescindir.
27. A pesar de haberte recostado sobre un hormiguero, sigues caminando como si nada tras el pajarito que se te voló metros más adelante sin sacarle la vista de encima.
28. Te das cuenta que tus hijos se van a dormir, que la película que estaba viendo tu esposa terminó y sigues sentado en la PC editando las fotos de ese día.
29. En tu casa de fin de semana para todos tus vecinos sos el “loquito que saca fotos a los pájaros”.
30. Tus amigos y familiares comienzan a aceptar que si te detuviste a tomar una foto, es mejor sacar el mate, los bizcochos, las reposeras, un libro y hasta pensar en una siesta para esperar a que termines.
31. Te puedes pasar tardes tratando de coser una capa camuflada hasta terminarla, aun cuando en tu vida nunca te cosiste ni un botón.
32. Sientes haber sacado la mejor foto de un ave en particular y al subirla a Internet te das cuenta que hay cientos similares.
33. Viajas el fin de semana a visitar a algún pariente lejano y por las dudas llevas los binoculares, la cámara, el trípode, el flash, el posadero, el alpiste, etc.
34. Comprendes que todas las aves indefectiblemente siempre se posarán con una rama o pasto adelante.
35. Las especies dejaron de tener solo nombre común y ahora también tienen uno científico.
36. No importa qué ave es, sino si podrías tomarle una foto para luego identificarla.
37. De golpe comienza a interesarte la jardinería con la sola intención de colocar aquellas plantas que atraen animales.
38. No te importa manejar horas seguidas, para estar horas caminando al sol con la cámara al cuello, sin poder tomar una sola foto.
39. La mejor observación es aquella que aun no sacaste.
40. Descubres que los únicos pares de zapatos buenos que tienes son los de trekking.
41. El clima comienza a ser la razón principal de tus cambios de humor.
42. Comienzas a descubrir especies identificables y no solo dibujitos animados al ver “La era del hielo II” con tus hijos.
43. Te das cuenta que tienes amigos de la infancia y amigos “observadores de aves”.
44. La primavera es tu época preferida del año.
45. Comienzas a descubrirles cosas fascinantes a los bichos más feos.
46. Tus CDs y DVDs aumentan proporcionalmente a la cantidad de horas pasadas en el campo y frente a la computadora.
47. Te olvidas de darle de comer al perro, pero jamás de cambiarle el agua al bebedero de los colibríes.
48. Eres la persona más feliz del planeta cuando tu hijo toma su cámara de fotos compacta y se pone a tomar fotos en el jardín junto a vos.
49. Muestras esta lista a gente que no es observadora de aves y esperás que se sonrían como vos.
50. Al final de leer todo esto no pensas que estas listo para entrar en el loquero, si no que, por el contrario, pensas: “si, definitivamente esto es lo que me apasiona”.

1 comentario:

Diana dijo...

Cada uno de los 50 puntos, me sucedieron. ¿no seremos adctos?